Biomateriales para el presente (y el futuro)

Hoy queremos detenernos en una de esas palabra que cada vez nos resuena más: biomateriales. Un concepto que evoca sostenibilidad, innovación y, también, una cierta idea de futuro. Con Marisa Santamaría ya vimos algunas pinceladas (episodio 104 del podcast Sello de autor). Pero ¿Qué significa realmente “biomateriales”? ¿Qué materiales incluye? ¿Y cómo pueden transformar la forma en la que diseñamos y producimos? Vayamos por puntos. 

¿Qué son los biomateriales?

De forma sencilla, los biomateriales son materiales de origen biológico, es decir, que provienen de organismos vivos —ya sean vegetales, animales, hongos o bacterias— o que han sido desarrollados a partir de estos mediante procesos biotecnológicos o experimentales. También se incluyen en esta categoría algunos materiales que, aunque puedan parecer sintéticos, se crean con cultivos celulares, micelios o enzimas naturales.

A diferencia de los materiales tradicionales derivados del petróleo o de procesos industriales altamente contaminantes, los biomateriales se desarrollan con la voluntad de ser más sostenibles, biodegradables y a menudo locales. Su producción suele tener una huella ambiental mucho menor y plantea una nueva relación con la materia: más colaborativa, más viva e incluso, como una alternativa al extractivismo.

Un poco de historia

Aunque parezca un término contemporáneo, lo cierto es que la humanidad siempre ha trabajado con biomateriales. El cuero, el lino, la cera de abejas o la arcilla mezclada con fibras vegetales son ejemplos de biomateriales ancestrales. Lo que ha cambiado es la mirada: hoy la ciencia, el diseño y la artesanía exploran nuevas posibilidades combinando saberes tradicionales con biotecnología, cultivo celular y procesos innovadores.

En los últimos 20 años, hemos asistido al surgimiento de laboratorios de materiales, proyectos académicos y colectivos creativos que han abierto un nuevo campo dentro del diseño: el diseño de materiales. La materia deja de ser una elección secundaria y pasa a ser el centro del proceso creativo.

Alga roja

Tipos de biomateriales

Los biomateriales se pueden clasificar de distintas formas. Aquí te damos una breve panorámica:

1.Bioplásticos

Cuando hablamos de bioplásticos dentro del mundo de los biomateriales, hay dos grandes tipos, y no todos son iguales:

Plásticos de origen biológico (bio-based)

Son materiales que se elaboran a partir de materias primas renovables, como maíz, caña de azúcar, patata o residuos vegetales. A veces actúan como el plástico convencional (mismo aspecto, mismas propiedades), pero su origen no es el petróleo.

Ejemplo: el PLA (ácido poliláctico) se obtiene a partir del almidón de maíz. Tiene apariencia plástica, puede moldearse, y se usa en envases, consumible para impresoras 3D, embalaje o productos de un solo uso.

 ¿Se biodegrada? Sí… pero sólo en condiciones industriales de compostaje, con temperatura y humedad controladas.

Plásticos biodegradables (bio o no bio)

Aquí entran materiales que sí se degradan en poco tiempo, ya sean de origen biológico o sintético.

Por ejemplo, el PHB es un bioplástico creado por bacterias, totalmente biodegradable en el medio natural.
También existen materiales como el PBAT, que es de origen fósil pero biodegradable. En este caso, el foco está en su degradabilidad, no tanto en si proviene o no de fuentes renovables.

 ¿Entonces es “plástico” o no?

Sí, son plásticos en cuanto a estructura molecular y función: polímeros que pueden moldearse y usarse como envases, embalajes, componentes rígidos o flexibles… pero no necesariamente derivan del petróleo ni contaminan del mismo modo.

Lo importante no es si parecen plástico, sino conocer:

  • ¿De dónde provienen?
  • ¿Qué impacto tienen al producirse?
  • ¿Qué pasa con ellos al final de su vida útil?

2.Materiales fúngicos 

Uno de los biomateriales más fascinantes —y también más prometedores— es el micelio. El micelio es la estructura subterránea de los hongos, una especie de red de filamentos blancos llamada hifa que crece y se ramifica bajo tierra o sobre materiales orgánicos.

Aunque a simple vista podría parecer algo frágil o inconsistente, cuando se cultiva bajo condiciones controladas, el micelio puede formar estructuras compactas, resistentes, ligeras y biodegradables. Es, en cierto modo, un material que se cultiva, no se fabrica.

¿Cómo se produce?

Se inocula micelio en un sustrato orgánico (como serrín, paja, restos agrícolas o cartón reciclado) y se deja crecer dentro de un molde. En pocos días, el micelio coloniza todo el espacio, consolidando la forma deseada. Luego, se seca o se hornea para detener el crecimiento, dando lugar a un material estable, seco y listo para usar. Entrevistamos a Pilar Urrutí, diseñadora y artista del micelio en el capítulo 100. os lo dejare enlazado por si lo queréis escuchar. 

Aplicaciones actuales:

Los materiales fúngicos tienen múltiples usos en diseño, arquitectura, moda y embalaje. Algunos ejemplos reales son:

  • Embalajes ecológicos: marcas como IKEA o Dell han sustituido el poliestireno expandido (corcho blanco) por micelio para proteger productos frágiles.
  • Diseño de producto: estudios como MOGU o MycoWorks están desarrollando materiales para mobiliario, revestimientos acústicos o superficies decorativas.
  • Arquitectura efímera: estructuras o pabellones experimentales hechos con ladrillos de micelio, como los creados por The Living (David Benjamin).
  • Moda: marcas como Stella McCartney han presentado bolsos y prendas en colaboración con Mylo™, una alternativa al cuero hecha con micelio cultivado.

¿Qué ventajas aporta el material fúngico?

  • Es biodegradable y compostable: se reintegra fácilmente en la tierra sin dejar residuos tóxicos.
  • Producción a medida: se puede “cultivar” directamente en el molde, eliminando procesos intermedios.
  • Ligero pero resistente: tiene propiedades similares a la espuma rígida o al cartón prensado, pero más sostenible.
  • Aislante acústico y térmico: lo que lo hace ideal para construcción y mobiliario.
  • No requiere luz ni grandes cantidades de agua: lo que reduce el consumo energético respecto a otros cultivos o materiales.

Inconvenientes y retos:

  • Durabilidad limitada en exteriores: si no se trata o protege, puede verse afectado por la humedad y el moho.
  • No es impermeable de forma natural: aunque puede recubrirse, por sí solo no resiste el agua.
  • Apariencia irregular: su aspecto es poroso y orgánico, lo cual puede ser una ventaja estética o un inconveniente comercial según el producto.
  • Escasa estandarización: aún no hay procesos industriales totalmente consolidados para producción a gran escala.
  • Olor natural: al crecer, puede tener cierto aroma a bosque húmedo, aunque desaparece con el secado.

¿Qué significa esto para artistas y diseñadores?

El micelio invita a diseñar de otra manera: con paciencia, con tiempos vivos y con la conciencia de que estamos colaborando con organismos vivos, no imponiéndoles una forma o estándares de desarrollo. Por este motivo, muchos creadores lo exploran como material narrativo: para hablar de lo orgánico, de lo efímero, de la descomposición como parte del ciclo natural. Desde lámparas y esculturas hasta joyería conceptual, el micelio abre caminos que cruzan ciencia, arte y sostenibilidad.

Y algo más: trabajar con micelio también supone desaprender ciertas lógicas del control, asumir que el material tiene vida propia, y que —como ocurre con la cerámica o la fermentación— el proceso importa tanto como el resultado.

3.Cuero vegetal o alternativas al cuero animal 

Otro de los grandes protagonistas en el mundo de los biomateriales es el llamado cuero vegetal. Aunque el término puede ser confuso, no se refiere al clásico “cuero vegetal curtido” —que es cuero animal curtido con taninos naturales—, sino a materiales que simulan la estética y propiedades del cuero animal, pero sin utilizar piel de origen animal.

Se trata de un campo en plena efervescencia, donde conviven propuestas muy diversas: algunas más experimentales y otras ya listas para uso comercial. 

Estos materiales alternativos al cuero pueden estar hechos de:

  • Residuos vegetales: pieles de frutas, hojas, fibras de cultivos…
  • Hongos: especialmente micelio.
  • Bacterias y fermentaciones.
  • Materiales compuestos: biopolímeros combinados con fibras vegetales.

No todos son 100% biodegradables o veganos, ya que en algunos casos se usan resinas o polímeros sintéticos para mejorar la resistencia. Es decir, no todos los “cuero veganos” son necesariamente sostenibles o no tóxicos. Por eso es tan importante mirar la letra pequeña.

Ejemplos de materiales y marcas:

  1. Piñatex®
    • Hecho a partir de fibras de hoja de piña, subproducto de la agricultura.
    • Desarrollado por la empresa Ananas Anam.
    • Se utiliza en calzado, bolsos, tapicería o moda.
    • Tiene un acabado parecido al cuero granuloso, aunque es más rígido.
    • Ventaja: aprovecha residuos agrícolas, no requiere tierras extra ni agua adicional.
    • Inconveniente: contiene una resina plástica para darle resistencia, por lo que no es compostable.
  2. Mylo™
    • Desarrollado por Bolt Threads, a partir de micelio.
    • Tiene una textura sorprendentemente suave y flexible, muy parecida al cuero.
    • Ya lo han usado marcas como Stella McCartney, Adidas o Lululemon.
    • Se cultiva en laboratorio, lo que reduce el impacto ambiental.
    • Aún no disponible para pequeña escala o artesanos.
  3. Appleskin™
    • Hecho a partir de residuos de manzana de la industria alimentaria del norte de Italia.
    • Mezcla fibras de manzana con poliuretano para dar resistencia.
    • Se emplea en marroquinería, tapicería y papelería.
    • Su textura es lisa y con muy buen acabado visual.
  4. Desserto®
    • Material mexicano hecho a partir de hojas de nopal.
    • Necesita poca agua para crecer y no requiere pesticidas.
    • Flexible, resistente y con buena aceptación en moda y automoción.
    • También contiene componentes plásticos, aunque en menor proporción.
  5. Kombucha leather
    • Se produce con la celulosa creada durante la fermentación del té con SCOBY.
    • Es un material experimental, biodegradable, pero poco resistente a la tracción o la humedad.
    • Ideal para arte, escenografía, investigación o proyectos efímeros.
    • Puede teñirse de forma natural y es muy visual.

¿Y esto cómo se aplica? 

El cuero vegetal ya se usa en:

  • Moda y accesorios: en bolsos, zapatos, carteras, cinturones…
  • Diseño de interiores: en revestimientos murales, mobiliario o tapicería.
  • Packaging de lujo: estuches, cajas, etiquetas.

Arte y escultura: instalaciones que juegan con la materia efímera.

¿Qué significa esto para los creadores?

Para artistas, diseñadoras o artesanos, estos materiales abren un campo fértil para crear productos con identidad, relato y coherencia con los valores contemporáneos.

Pero también nos invitan a investigar, experimentar y, en algunos casos, aceptar la fragilidad o caducidad como parte del diseño. Hay proyectos donde lo efímero es parte del mensaje: una prenda que se descompone, una escultura que se transforma, un bolso que nos recuerda que todo es transitorio.

¿Y hacia dónde va el futuro?

El desarrollo de alternativas al cuero es un campo de investigación constante. Muchas marcas están invirtiendo en encontrar soluciones 100% vegetales, libres de plásticos y con alto rendimiento técnico. A medida que los procesos se estandaricen y los materiales se democratizen, será más fácil acceder a ellos desde la escala artesanal.

Pero más allá de la tecnología, el cambio profundo es cultural: cuestionar la durabilidad como única virtud y asumir que un objeto puede tener valor aunque no dure para siempre.

A partir de fibras de hoja de piña se elabora Piñatex®

4.Biotextiles 

Aunque el término puede parecer futurista, lo cierto es que recoge una serie de prácticas textiles que utilizan organismos vivos, residuos orgánicos o tecnologías regenerativas para producir fibras, tejidos o superficies textiles. 

En otras palabras: pasamos de fabricar tejidos a cultivarlos.

¿Qué son exactamente los biotextiles?

El concepto engloba:

  1. Un tejido producido por bacterias, levaduras o microorganismos, como la celulosa bacteriana.
  2. Un tejido tradicional, como el algodón o el lino, modificado o reforzado con biopolímeros, enzimas o pigmentos naturales.
  3. Un textil hecho a partir de residuos orgánicos, como pieles de frutas, restos de café, leche caducada o desechos agrícolas.
  4. Un tejido que se comporta como un organismo vivo o reactivo, por ejemplo, que cambia de forma o color con la temperatura o la humedad.

Ejemplos y proyectos actuales:

Celulosa bacteriana
Es uno de los biotextiles más conocidos. Se produce mediante la fermentación de té azucarado (como el kombucha), en un proceso donde las bacterias Acetobacter xylinum generan una película gelatinosa que, al secarse, se transforma en una lámina translúcida, flexible y biodegradable. Por este motivo, tiene una textura similar al cuero fino o al pergamino. Además, se puede teñir naturalmente durante la fermentación.

La diseñadora Suzanne Lee fue pionera en su aplicación a la moda, con sus primeros vestidos de «BioCouture» en 2004. El aspecto 

Textiles a partir de residuos lácteos
La empresa QMilk, en Alemania, transforma la proteína de la leche (caseína) en una fibra suave y sedosa. Utiliza leche no apta para el consumo humano, evitando desperdicio alimentario. Es compostable y libre de químicos tóxicos. Ideal para prendas interiores, textiles médicos o cosméticos.

Fibras de ortiga, plátano, piña o cáñamo
Son fibras vegetales conocidas desde hace siglos, pero que hoy vuelven con fuerza gracias a técnicas de hilado moderno y procesos sostenibles. Muchas requieren menos agua que el algodón y no necesitan pesticidas.

Biotextiles programables
Estudios como Biologic (MIT) han creado tejidos con bacterias vivas que reaccionan al sudor y al calor corporal, abriendo microperforaciones para ventilar. Aunque aún están en fase experimental, estos proyectos sugieren un futuro en el que la ropa sea un organismo más que se adapta a nuestro cuerpo.

Tintes vivos y orgánicos
El colectivo Living Colour, en los Países Bajos, cultiva bacterias productoras de pigmento (como Janthinobacterium lividum) para teñir tejidos sin necesidad de productos químicos contaminantes. El resultado son colores vibrantes, vivos y cambiantes.

Aplicaciones creativas y artísticas:

Los biotextiles aún no han alcanzado el nivel de resistencia o estandarización de los textiles industriales, pero tienen un enorme valor narrativo, simbólico y experimental. Por eso son tan atractivos para:

  • Moda conceptual y arte textil
    Creadores que exploran la relación entre cuerpo, tiempo y materia efímera. Vestidos que se descomponen, instalaciones que respiran o prendas cultivadas in situ.
  • Diseño de interiores
    Superficies translúcidas, biotapices o paneles biodegradables para espacios efímeros, como exposiciones o escenografías.
  • Educación y divulgación
    Muchos proyectos de biotextil se presentan como herramientas educativas para hablar de sostenibilidad, ciencia y ética del diseño.

¿Qué ventajas tienen los textiles?

  • Reducción de residuos y reaprovechamiento de subproductos de otras industrias (lácteas, agrícolas, alimentarias).
  • Producción local y descentralizada: muchos biotextiles pueden producirse en un taller o laboratorio pequeño.
  • Biodegradables y compostables, en su mayoría.
  • Posibilidad de personalización: cultivo en molde, pigmentos vivos, formas irregulares o únicas.
  • Innovación estética: texturas, transparencias y superficies que no se pueden lograr con materiales convencionales.

Inconvenientes y desafíos:

  • Fragilidad y sensibilidad al entorno: muchos biotextiles se alteran con el calor, la humedad o el tiempo.
  • Poca resistencia al lavado o la abrasión: lo que limita su uso comercial en moda convencional.
  • Producción lenta y poco estandarizada: aunque se pueden producir en pequeños lotes, escalar la producción requiere mucha investigación.
  • Aspecto inacabado o “experimental”: no siempre encajan en una estética comercial uniforme, limpia y pulida.
  • Conservación delicada: algunas piezas necesitan ambientes secos, poca luz o protección frente a insectos y moho.

¿Y para los diseñadores y artesanos?

Trabajar con biotextiles supone un cambio de paradigma: no diseñamos un objeto acabado, sino un organismo en proceso. Esto puede dar vértigo o frustración… pero también abre un mundo de posibilidades expresivas.

  • Se pueden cultivar tejidos a medida, imprimir formas en el propio proceso de fermentación o generar superficies únicas.
  • Se puede crear en código abierto: muchas recetas están disponibles en plataformas colaborativas como Open Source Ecology o Materiom.
  • Y sobre todo, se puede contar una historia nueva. Una que habla de colaboración entre especies, de límites del control, de diseño regenerativo.
Micelio en fase de desarrollo

5.Materiales comestibles o efímeros 

Dentro del universo de los biomateriales hay una categoría que, quizá más que ninguna otra, desafía nuestras ideas preconcebidas sobre la materia, la función y la permanencia. Hablamos de los materiales comestibles o efímeros: materiales que no están pensados para durar, sino para desaparecer. Algunos se disuelven, se degradan, se funden con el entorno… y otros, incluso, se comen.

Este tipo de materiales no se definen tanto por su composición, sino por su vocación transitoria. Pueden ser biodegradables, solubles en agua, frágiles al tacto o completamente ingeribles. Y lo que proponen no es solo un cambio de material, sino un cambio de mentalidad: ¿Y si la belleza no estuviera en lo eterno, sino en lo que se transforma?

¿Qué son y cómo se hacen?

Los materiales comestibles o efímeros suelen elaborarse a partir de ingredientes naturales, como algas, gelatinas, féculas o azúcares, combinados con procesos propios de la cocina, la química o la artesanía tradicional.

Entre sus componentes más comunes encontramos:

  • Agar-agar: polisacárido extraído de algas rojas, usado para crear films o cápsulas comestibles.
  • Gelatina: proteína animal que se solidifica al enfriarse, ideal para crear formas flexibles y translúcidas.
  • Almidón de maíz o patata: base para films solubles y moldes temporales.
  • Cáscaras de frutas, zumos o pieles vegetales: usados como materia base o pigmento.
  • Cera de abeja o aceites vegetales: para dar flexibilidad o resistencia momentánea.
  • Miel, azúcar o isomalt: en diseño alimentario, sirven para crear estructuras sólidas pero comestibles.

Aplicaciones y ejemplos reales

Aunque aún no son comunes en productos industriales, los materiales efímeros están ganando espacio en sectores como:

1. Diseño de packaging sostenible

Empresas como Notpla (UK) han desarrollado envases comestibles a base de algas y plantas. Por ejemplo, Ooho!: una cápsula de agua comestible que sustituye a las botellas de plástico.

También se están creando films biodegradables para envolver frutas, caramelos o snacks que eliminan el uso de plásticos de un solo uso.

2. Diseño de experiencias y eventos

Chefs como Grant Achatz (Alinea, Chicago) o Albert Adrià han colaborado con diseñadores para crear vajillas comestibles: cucharas de pan, platos de caramelo, soportes de gelatina que se derriten al servir. También se utilizan en performances sensoriales, donde el comensal participa activamente en la transformación o consumo del objeto.

3. Arte efímero y bioescultura

Instalaciones que cambian con el paso del tiempo, se derriten, fermentan o son consumidas por el entorno.

Asi también, encontramos obras que combinan lo visual con lo olfativo o gustativo, desdibujando la frontera entre arte y alimento.

4. Moda y experimentación textil

Aunque aún incipiente, hay pruebas de tejidos elaborados con leche, azúcar o kombucha que literalmente se disuelven con el sudor o la lluvia. Creados para proyectos conceptuales, desfiles, instalaciones o reflexión crítica sobre la fugacidad del vestir.

Ventajas de los materiales efímeros o comestibles: 

  • Reducción total del residuo: en muchos casos, el packaging desaparece por completo tras el uso.
  • Narrativa emocional y sensorial: involucran al usuario de forma directa, incluso física o gustativa.
  • Facilidad de producción artesanal: muchos pueden elaborarse en casa o taller, sin necesidad de maquinaria compleja.
  • Compostabilidad o comestibilidad inmediata: algunos no solo no contaminan, sino que aportan al entorno algún beneficio extra.
  • Innovación formal y estética: permiten trabajar con translucencias, texturas y volúmenes imposibles con otros materiales.

Inconvenientes:

  • Extrema fragilidad: se rompen, derriten o deforman con facilidad.
  • Conservación limitada: la humedad, la temperatura o los insectos pueden alterar su forma o acelerar su degradación.
  • Difícil transporte o almacenaje: requieren condiciones controladas para no perder su forma antes de usarse.
  • Imprevisibilidad del comportamiento: pueden encogerse, agrietarse o cambiar de color con el paso del tiempo.
  • Escasa vida útil: están pensados para el momento presente, no para durar.

¿Y qué papel tienen en la creación artística y artesanal?

Trabajar con materiales efímeros o comestibles nos obliga a soltar el control, a aceptar el deterioro como parte del proceso. Nos sitúa más cerca de la cocina, del cuerpo, del ritual… y más lejos del producto pensado como mercancía uniforme y duradera.

Para muchos artistas y diseñadores, estos materiales ofrecen una forma de criticar el consumismo, la obsesión por lo nuevo o lo impoluto y abrir un debate sobre la relación entre el objeto y el tiempo.

¿Y para los creadores?

Para quienes trabajan con las manos y con la imaginación —ya sean ceramistas, diseñadoras textiles, ilustradores o joyeras—, los biomateriales pueden ser una materia reivindicativa y narrativa. Permiten hablar del territorio, del paso del tiempo, de los ciclos de la vida, de la fragilidad y de la belleza efímera.

Muchos artistas ya los usan como parte de un concepto o proyecto: piezas que se disuelven, que se transforman, que fermentan, que interactúan con el entorno. La artesanía, lejos de oponerse a la innovación, puede encontrar en estos materiales un nuevo lenguaje poético y social.

Para acabar, no podemos negar que los biomateriales nos invitan a mirar la materia de otra forma. A ver el objeto no como un producto acabado, sino como un organismo temporal. Son un puente entre ciencia y sensibilidad, entre naturaleza y cultura y están cargados de significado. Y quizá eso sea lo más valioso: que nos empujan a diseñar no solo con la cabeza, sino también con el territorio, con nuestra manera de hacer, de estar en el mundo y de cómo queremos dibujar el futuro.

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